Por:
Carlos Ardila
Él estaba
en las mejores relaciones con los dos grupos, ¿con cuáles? Los judaizantes y
los nuevos cristianos gentiles; por los judaizantes nos referimos a algunos de
los judíos que se habían convertido al cristianismo quienes seguramente de buen
corazón y con las mejores intenciones, pero con equívocas razones trataban de
imponer al segundo grupo, los gentiles, es decir, los nuevos
conversos extranjeros, el rito judío de la circuncisión ya no vigente según
Dios ni para los judíos ni para los gentiles, puesto que entonces el Señor había
introducido una nueva ley mediante el establecimiento de su Nuevo Pacto, esta
vez no solo con Israel sino además con toda la humanidad (Cp. Gálatas 3:24-29;
5:2-4; 6:15; I de Corintios 7:19).
¿De quién
se trataba? Del apóstol Pedro y de su manejo de sus relaciones con los dos
sectores de la iglesia con los que interactuaba; ahora, antes de proseguir, nos
es necesario aclarar que la iglesia del Señor no fue diseñada por
Dios para la existencia de subgrupos dentro de ella, sino para pensar y
funcionar como un cuerpo coherente y unido en un mismo parecer y en una misma
práctica siempre regida por su Palabra (Cp. Efesios 4:3-6), lo cual en este
caso no se estaba observado debido a la falta de entendimiento que aún algunos
cristianos judíos tenían en cuanto a la vigencia de la antigua ley.
¿Cómo
manejaba el apóstol Pedro estas relaciones? Al encontrarse en medio de los
gentiles, él actuaba de una forma, se congraciaba con ellos, pero al venir a él
y a los hermanos gentiles o extranjeros, los judaizantes, Él cambiaba de actitud
y trataba con ellos de imponerles el rito de la circuncisión, actitud simulada
tal que le mereció la exhortación del apóstol Pablo quien le reprendió por la
hipocresía en la que había caído y de la que contagiados por él también
participaban otros (Cp. Gálatas 2:11-14), postura tal que luego, como resultado
de este llamado de atención, ellos cambiaron (Cp. Hechos 15:1-31).
Pedro
quería mantener buenas relaciones con todos los hermanos, pero por temor a los
judaizantes, él equivocadamente hacía uso de un doble estándar en su conducta.
Nuestro Dios quien es Santo nos enseña a vivir en santidad, parte de ella por
supuesto se refleja en nuestro proceder, por ello nuestros
pensamientos, prácticas y actitudes en Él hacia los demás, sean estos
cristianos o no, debe ser siempre lineal en vez de variable conduciéndonos a la
adopción de posturas dobles dependiendo del espacio y de las personas con las
que nos relacionemos e interactuemos, no se trata de pequeños detalles a modo
de legalismos éticos y morales caprichosos y disociadores, sino de la
sinceridad de nuestro corazón para con Dios quien no nos admite el asumir una
doble actitud ni ante Él ni en frente de los demás (Cp. II de Corintios
1:12,17; Efesios 4:25; Santiago 3:17) y espera que en vez de tratar de guardar neutralidad
entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo verdadero y lo falso, optemos
siempre por enseñar su Palabra comportándonos cada quién de nosotros de acuerdo
a ella (Cp. I de Pedro 4:11).